Grupo Espírita María de Nazaret

 

(Retrato hablado por Espíritu Emmanuel - Francisco Cândido Xavier al fotógrafo Vicente Avela en São Paulo)

Las Manos de María

(Efesios – Turquía)

 

En el calvario, una de las últimas preocupaciones de Jesús fue confiar a su Madre al apóstol Juan: “He aquí Tu Madre”. El propio evangelista nos testimonia que “a partir de ese momento… la llevó para su casa” (Job 19:27)

Según la antigua tradición, después de la muerte y resurrección del Señor, cuando creció la persecución contra los cristianos en la Palestina, Juan llevó a María Santísima para la ciudad de Efesios, en Asia Menor.

No se sabe, a lo cierto cuanto tiempo vivieron allí. De esa permanencia tenemos hoy una “reliquia”: Una parte de la casa donde la Madre de Jesús murió. Pasando por Efesios en el siglo XII, las cruzadas construyeron una pequeña capilla al lado de esta casa. El local quedó después abandonado por mucho tiempo hasta que, al final del siglo pasado, fue reencontrado. En el altar de la capilla pusieron una imagen de Nuestra Señora de las Gracias. Desde el inicio de la Primera Guerra Mundial hasta algunos años después de la Segunda, la casa de María quedó nuevamente abandonada.

En esa época, personas desconocidas sacaron las manos de la imagen y, según lo que allí se cuenta las botaron en el valle de enfrente. Y es así que hasta hoy está la imagen de Nuestra Señora en Efesios: Sin manos.

Al inicio quedé choqueado con la escena: La imagen de Nuestra Señora, la Madre de Jesús de brazos abiertos acogiendo a los peregrinos (cerca de un millón por año), pero sin las manos. No es fácil aceptar esta situación. Al final las manos de María Santísima acariciaron Jesús, prepararon su cómoda y lavaron su ropa. Fueron ellas que apoyaron al Hijo de Dios para que Él aprendiese a caminar, comer y escribir.

Las manos de María estuvieron siempre en función de Jesús.

Bien merecieron, pues - ¡supremo gesto de dolor y de amor! – recibir su cuerpo cuando fue retirado de la cruz. Por todo eso, las manos de María podrían dar origen a un bello poema. En Efesios, con todo, su imagen quedó semidestruida, amputada, sin manos.

No se por qué nunca quisieron providenciarle otras. Y no será ahora que lo hagan, ya que los peregrinos se acostumbraron a verla así y hacen cuestión de llevarse para sus casas una reproducción que les recuerdan: ¡María está sin manos!

Buscando hacer la lectura de este acontecimiento, concluí que es rico de enseñanzas. Las manos de María, hoy, son las manos de las jóvenes que, en el día del matrimonio, esperan que sus esposos en ellas coloquen la alianza. Son las manos de las religiosas, que se cruzan en un gesto de consagración al Señor. Son las manos de las enfermeras que, en un hospital, tocan al brazo de un enfermo terminal, buscando transmitirle conforto. Son las manos de las madres que cuidan de los hijos pequeños…

La imagen de María, en Efesios, no tiene manos. Pero Ella propia tiene miles, tiene millones de manos por todo el mundo. Por medio de ellas, María continua bendiciendo, amparando y reconfortando.

Para cada mujer que la ve así, es un renovado llamado a prestarle sus manos para que con ellas, María continúe por los caminos del mundo, sirviendo a su Hijo Jesús.

Texto – Don Murilo - Internet

S. R. Krieger, sci

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